EL MIEDO A ESCRIBIR
Todo autor de libros, ya sea el que empieza en el oficio o el que lo ha hecho toda la vida, se siente amenazado por el llamado bloqueo del escritor. Te sientas en tu despacho y te alistas para empezar a escribir. Si estás en el ordenador, la pantalla está de color blanco. No hay letras, símbolos, ni siquiera patas de mosca... ¡Nada¡ La pantalla te mira; la miras…pareciera que se burla de ti diciéndote: “¿Por qué no empiezas de una vez? Venga escribe algo. Lo que sea”.
Yo empecé a escribir con pluma y cuartillas blancas. En muchas ocasiones, me parecía como si esos pedazos sin grafos que estaban en mi escritorio de madera, se reían de mí. Escribía algo, solamente para tacharlo. Plasmaba otra cosa en el papel; y otro tachón le seguía. Después de una hora de pelear con mis cuartillas, las pobres parecían haber sobrevivido un campo de batalla. Entonces las arrugaba, las convertía en bolas de papel para tirarlas a la papelera que se encontraba en el otro extremo del cuarto. Como soy poco baloncestista, mi pobre estudio parecía como si un niño de tres años hubiera jugado a hacer basura en él.
Cuando me gradué al ordenador, la cosa no mejoró nada. Escribía una línea y seguidamente la borraba. Otra más… y tres cuartos de lo mismo. Por fin, cuando ya había logrado empezar mi narrativa (no soy poeta, si no que narradora) me quedaba trabada a la mitad de la narración. No importaba si en mi mente la historia estaba claramente definida, con personajes, hechos, vestuarios, escenas, y cambios de escenario. Me quedaba congelada, como si el Word de mi escritorio estuviera pensando sin poder solucionar.
En mi caso, no había el viejo truco de apagar el ordenador y volverlo a encender para ver si el reloj de mi mente narradora se restablecía sin quedarse totalmente congelado. ¡No¡ Me levantaba de la silla. Me volvía a sentar y ruminaba sobre qué le faltaría a mi escrito.
El bloqueo en la escritura, como en cualquier rama del arte, es un proceso normal. Las musas se van de vacaciones, y tienes que esperar a que el duende de Lorca, o las nueve hijas de Zeus, te brinden ideas para plasmar en tu cuartilla o en la pantalla digital.
Las causas de ese bloqueo son diferentes para cada escritor:
1. Síndrome del impostor: No te crees que puedas escribir. Te da miedo que se burlen de tí.
2. Síndrome del perfeccionista: Quisieras que tu obra esté perfectamente escrita y diseñada. Cada palabra en su lugar; cada sinónimo el exacto para el significado que buscas.
3. Cansancio y desgana: Ese día te levantaste con el pie izquierdo, dijera mi madre.
4. Planificación: Hay una parte de tu obra a la que le falta algún elemento, y eso te detiene en la producción total.
¿Cuál es la solución a estos problemas…?
No te rindas, continúa tu camino y piensa que hay escritores que pasaron años hasta que terminaron su obra maestra. Estás en buena compañía.

Imagen: The Writer
Mary Braddish Titcomb
Cortesía National Gallery of Art


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