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El poder de la palabra, se traduce en poesía.

Texto por Walter Morán. Foto de Aaron Burden en Unsplash


Y fue posible el poder de expresarse, las frases iban acompañadas de un sonido, se pudo decir: agua, flor, cielo, sol y luna, día y noche, cada sonido emitido contenía un poder, aquel que, por sobre todas las cosas, nombraba y distinguía, singularizaba un fenómeno, fuera este social, económico o político.  Surgieron las primeras disputas, se podía manifestar la inconformidad o se podía estar totalmente de acuerdo.  


Ya no se podía hacer o deshacer, sin que la opinión de los demás fuera tomada en cuenta, quiero creer que ese fue el desarrollo de la horda, un proceso que, sin duda, llevó bastante tiempo para poder concretarse.  En algún lugar del camino tuvo que desarrollarse el lenguaje.  Difícilmente hubo un día en que se pueda señalar, como el primer día que algún homínido habló.


Según Noam Chomsky, hubo un “big bang” del lenguaje, sin embargo, algo tan complejo, desde la perspectiva de la biología, es imposible que surgiera de la nada, de ahí la importancia del desarrollo del cerebro.  Lo más probable,   que la interacción social de las personas, la comunicación entre estas cotidianamente, haya dado como resultado un lenguaje con cierto grado de articulación.


Desde los albores de la humanidad, entre aquellos primeros habitantes, hasta los de  hoy, tenemos en común, observar lo que nos circunda, es probable, que tanto un amanecer, o un atardecer, hayan conmovido aquellos ojos, que no sabían decir, el nivel de conmoción que los poseía al contacto con dichos fenómenos.  De la misma forma, el vuelo de las aves, las noches de luna llena, la manera de como el mar se tragaba al sol, etc.


Seguramente, después de una exitosa cacería y habiendo saciado el hambre, tuvieron la necesidad de manifestarse alrededor de una fogata, quizá la urgencia del calor humano, fue un detonante, entre otros sentimientos, la lealtad, el compañerismo, la amistad, y porque no el apego hacia otra persona del clan.   Era imperante, abandonar el sistema de señas o el de los sonidos, o cualquier otro medio de comunicación no verbal, sin duda alguna, un periodo, que obligaba a dar un salto de desarrollo cualitativo, para distinguir de una vez y para siempre a esta especie, que alcanzaba un grado más de humanidad, en el proceso evolutivo.


La capacidad de hablar, es decir; atravesar el intelecto, para acceder a un encendido en alguna parte desconocida del cerebro, para articular frases con la capacidad de ser entendidas, tuvo como fin proporcionar, destrezas y herramientas al grupo social con el fin de preservar la especie.   

Continuará...


     

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